La gestión formal del servicio — definir qué se mide, cómo se mide y cómo se reporta — es con frecuencia la diferencia entre una operación que mejora con el tiempo y una que repite los mismos problemas indefinidamente. Este proyecto no fue de desarrollo de software: fue de madurez operacional.
El valor entregado fue estructural: al terminar el proyecto, la entidad contaba con un modelo de operación que permitía medir el desempeño real del servicio, identificar tendencias, rendir cuentas ante los organismos de control con información verificable y tomar decisiones de mejora basadas en datos, no en la percepción del equipo de turno.